Procesos automáticos
El problema. Datos que se copian a mano de un sitio a otro. Informes que alguien monta cada lunes. Facturas que esperan tres días a que la persona correcta les dé el visto bueno.
Qué montamos. Un flujo que lee el origen, valida que el dato tenga sentido, lo escribe en destino y avisa solo cuando algo se sale de lo previsto. Las aprobaciones pasan a un botón en el móvil con el contexto delante.
Qué cambia. El trabajo deja de acumularse los lunes y los errores de transcripción desaparecen, porque ya no hay transcripción.
Asistentes inteligentes
El problema. Una bandeja de entrada que crece más rápido de lo que se vacía, reuniones sin acta y correos que se responden tarde porque redactarlos bien lleva quince minutos.
Qué montamos. Un asistente conectado a tu correo y tu calendario que clasifica lo que entra, propone borradores con tu tono y resume las reuniones señalando quién se lleva cada tarea.
Qué cambia. Tú decides qué se envía; lo que desaparece es el tiempo de arrancar desde una hoja en blanco.
Redes sociales autónomas
El problema. Publicar con constancia exige un hueco semanal que nunca aparece, y cuando aparece se va en decidir qué contar.
Qué montamos. Un sistema que propone temas a partir de lo que ya sabes, redacta las publicaciones en tu voz, las programa y centraliza comentarios y mensajes en un solo sitio.
Qué cambia. La publicación deja de depender de tener un buen día y pasa a ser un proceso que corre solo, con revisión tuya antes de salir.
Chatbots personalizados
El problema. Las mismas quince preguntas cada día: horarios, precios, cómo pedir cita, qué documentación hace falta. Cada una interrumpe a alguien.
Qué montamos. Un chatbot entrenado con tu documentación real, no con respuestas genéricas. Vive en la web, en WhatsApp o en el correo, y sabe cuándo no sabe: cuando la pregunta se sale de su terreno, pasa la conversación a una persona con todo el histórico.
Qué cambia. Las consultas repetidas se resuelven al instante y tu equipo solo entra en lo que de verdad necesita criterio.
Autoclasificación de clientes
El problema. Una lista de contactos donde todos parecen iguales y el comercial acaba llamando por orden de llegada.
Qué montamos. Un sistema que puntúa cada contacto por lo que ha hecho y por lo que es (sector, tamaño, qué páginas ha visto, qué ha respondido) y ordena la lista por probabilidad real de cerrar.
Qué cambia. El equipo comercial empieza el día por arriba y no por el principio.
Recordatorios, citas y pagos
El problema. Huecos vacíos por ausencias que nadie confirmó y facturas que se cobran tarde porque reclamar incomoda.
Qué montamos. Reserva online conectada a tu agenda real, recordatorios que salen solos en el momento adecuado y seguimiento de cobros con avisos escalonados que se detienen en cuanto entra el pago.
Qué cambia. Menos huecos perdidos y menos conversaciones incómodas, porque el aviso ya no lo manda una persona.